Los que tenemos hijos vemos, cada vez más, la necesidad de que en los colegios se lleve a cabo una labor de concienciación de valores, que sólo suele hacerse en el entorno familiar. Y digo en los colegios porque, desmenuzando las horas del día, el horario de nuestros hijos es el siguiente: 11 horas durmiendo, 8 en el colegio y 5 en casa despiertos. Con estos datos, al final, termina influyendo aquello que ven y viven en los centros escolares. Una de esas labores debería ser la de concienciar contra el alcohol y el tabaco. Hay madres que cuando ven a alumnos, de tan sólo 16 años, fumando frente a la zona de Infantil, terminan pidiéndoles que se alejen de allí, pues no es la mejor imagen que deben ver los más pequeños de sus compañeros de Bachiller. Hace poco, una madre me comentaba la necesidad que ve de que en los colegios se conciencie contra la abundancia de juguetes. Y ¿por qué? Porque nuestros hijos acumulan más de lo necesario, cuando la realidad que se vive en el mundo es justo la contraria: la de una gran escasez de las necesidades básicas. También es básica la concienciación hacia el respeto animal y ambiental. Y, por supuesto, hacia los semejantes. Aquí los colegios tienen mucha tarea que hacer, erradicando y siendo intolerantes ante cualquier signo de agresividad física o verbal. La solidaridad es otro de los temas a fomentar, porque unos pocos no pueden tener tanto frente a la mayoría que no tiene nada. Es así como, poco a poco, se va creando una nueva ciudadanía mucho más compasiva y, en consecuencia, justa. Todos sabemos que los colegios se suelen ceñir al programa de asignaturas impuesto por el Ministerio de Educación. Pero para muchos padres, aunque ese programa es necesario, queda muy escaso teniendo en cuenta a lo que ha llegado el mundo y la sociedad. Y al final, todas estas cosas marcan la diferencia entre un buen y un mal colegio.