Sin dinero para las fiestas de El Casar y Mesones ABRIL 2009
Rosa de las Nieves
Las cosas están cada día peor y eso lo sabemos todos. Que un ayuntamiento, como ha sido el de El Casar, haya tomado la decisión de que no puede poner ni un euro para las fiestas patronales, no debe significar que se arme un gran revuelo. El poco dinero que haya debe ser utilizado en actuaciones de primera necesidad y no en festejos. Ciertamente, esta medida y anuncio es tan impopular para un alcalde que muchos quebraderos de cabeza le ha tenido que costar a Ramón Vidal. Sin embargo, nadie puede dudar de que sea una decisión muy realista y valiente. Otros alcaldes, incluso habrían presentado su dimisión antes de enfrentarse a este tipo de algarabías que surgen. Pero no ha sido así. Y aquí no vamos a entrar a valorar si no hay dinero para las fiestas porque la gestión económica municipal no haya sido correcta o haya sido de lo más desastrosa, pues para ello están los grupos de la oposición como son, en este caso, PP y UCIcm. De hecho, como publicamos en las páginas de información de El Casar, el grupo municipal Popular ya había pedido, antes de esta decisión, un informe económico exhaustivo para ver la situación de endeudamiento del Ayuntamiento. Aquí de lo que se trata es de que si no hay dinero para lo más básico, de que si hay deuda y hay que pagar a proveedores, lo que no se puede hacer es tirar la casa por la ventana para que, durante unos días, un porcentaje de vecinos lo pasen bien. Y mientras tanto proveedores, como son empresas y autónomos, estén sin cobrar o que no hay dinero para productos tan básicos como pueda ser el gasóil del colegio. Las cosas no pueden ser así. Hemos vivido tiempos boyantes, que ahora parecen formar parte del pasado. Ahora toca vivir tiempos de crisis en los que hay que mirar el céntimo. Además, no debemos olvidar lo que siempre el tiempo y la memoria borra. Las fiestas patronales son eso: fiestas religiosas en honor al patrón de un municipio. Esas fiestas pueden seguir viviéndolas los vecinos más devotos. Pero con los tiempos de abundancia y con las ganas de mantener votos, gracias al pan y el circo, ¿qué ayuntamiento no ha tirado la casa por la ventana durante las fiestas patronales? Pues así no se hacen las cosas. Tanto concierto, tantos toros y tanto de todo tiene un precio muy elevado. Antiguamente, los vecinos de los pueblos salían a festejar sus fiestas porque de verdad las vivían en su espíritu. Ahora no. Ahora son días en los que no se trabaja y en los que se tiene de casi todo y gratis. Por eso, la gente que quiera fiestas no se va a quedar sin ellas. Seguirá con sus procesiones, actos religiosos, reuniones de vecinos y bailes allá donde ellos quieran mover el cuerpo. Y no nos olvidemos que cuanto más grande es un pueblo, el porcentaje de vecinos interesado en los festejos va disminuyendo. Y en El Casar, con lo grande que es ya, hay opiniones para todos los gustos: un pequeño porcentaje quiere fiestas; a la mayoría le da igual, y otro pequeño porcentaje está encantado con que no las haya. De cualquier forma, lo que importa es que la vida siga adelante de la mejor forma posible.