Es cierto que se empieza a vivir cierta psicosis. Entre la sequía, el despilfarro y el crecimiento urbanístico desmesurado, la escasez de agua se ha convertido en uno de los temas de actualidad.
El alcalde de Uceda nos cuenta este mes la preocupación que tienen en su municipio porque el Canal de Isabel II no garantiza, de momento, el suministro de agua para dos desarrollos urbanísticos.
También, el presidente de la Confederación Hidrográfica del Tajo aseguró en Salamanca, el 9 de marzo, que la situación de los embalses “es preocupante, porque a pesar de lo que ha llovido, estamos en un año seco”.
Mientras tanto, el Gobierno de la Comunidad de Madrid habla de la necesidad de recrecer la presa de El Vado, situada en Guadalajara, para garantizar el abastecimiento de agua a estas dos regiones.
Hay que decir, que Madrid ha tenido un consumo de agua sin precedentes, en los últimos años, debido a la fuerte política urbanística.
Las últimas lluvias y nieves han aliviado un poco la situación de los catorce embalses que abastecen a la región madrileña, que ahora están a un 40 por ciento de su capacidad.
Ciertamente, los madrileños han ahorrado en cinco meses casi un 10 por ciento de agua. Eso supone un total de 20 millones de metros cúbicos, equivalente al consumo de dos millones y medio de personas durante casi un mes. Pero ese ahorro debería ser diario y no algo excepcional, producto del bombardeo de noticias.
El 29 de septiembre, coincidiendo con el comienzo del año hidrológico, la Comunidad de Madrid aprobaba el Decreto que establece las medidas excepcionales para la regulación del abastecimiento de agua. A través del mismo, se adoptaron una serie de medidas restrictivas para su uso.
Pero hasta ese mes, se siguió despilfarrando este bien común en campos de golf, piscinas, praderas de césped o pistas de nieve artificial.
El alcalde de Uceda se queja y se queja con razón.
Porque se está derrochando agua y se está pidiendo hacer una infraestructura que supondrá la desaparición de una zona de alto valor ecológico. Y, al final, ¿Para qué? Pues para poder seguir con la locura de la construcción.