Los incendios de Guadalajara nos han marcado a casi todos SEPTIEMBRE 2005
Rosa de las Nieves
Aquella semana de julio sólo me interesaban las noticias del incendio de Guadalajara.
Me sentía parte de toda aquella gente con su desgracia hecha cenizas.
También, de las miles de hectáreas que se perdieron y de la fauna que con ella desapareció. Sólo hablaba de eso; todo el día hablando de lo mismo. Me sentía profundamente consternada por todo lo que estaba ocurriendo y, especialmente, al pensar todo lo que se podría haber evitado. Los incendios de Guadalajara han marcado un antes y un después en España.
Pero lo que no entiendo es por qué siempre tiene que haber muertos para que las cosas cambien.
Un total de 11 retenes murieron entre las llamas. Ellos, allí, metidos en el infierno . Porque el fuego es propio del infierno.
Y todo por qué. Por inconsciencia y prepotencia, pues el fuego no se puede controlar.
Y eso siempre me lleva a pensar lo mismo: el buen ciudadano es aquel que va por delante de ley. Porque las leyes se hacen para aquellos que no las quieren cumplir de forma natural.
No hace falta prohibir las barbacoas para darse cuenta de que no se pueden encender en verano. De hecho, los lugares habilitados para ello siempre son zonas llenas de basura, rastrojos y vegetación.
En las páginas de Uceda de este número, el jefe de la Agrupación de Protección Civil de esta localidad, Domingo Nieto Funes, nos cuenta en primera persona su inquietante relato de cómo vivieron aquellos días la angustia de las gentes de esos pueblos.
Ellos evacuaron a los habitantes de Cobeta.
Su magnífica actuación será reconocida con una placa de oro por la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha.
Ciertamente, al leer su relato, como testigo directo que fue de los hechos y de la evacuación, me volví a estremecer viviendo de nuevo todo aquello que durante semanas vimos en televisión.
En fin, que las páginas no tienen desperdicio porque en ellas explica cómo estuvieron esperando la llamada del 112 para activiarlos y, dado que no ocurría, decidieron lanzarse para prestar su ayuda.