La agotadora tarea de conciliar la vida laboral y familiar JUNIO 2006
Rosa de las Nieves
Cada vez oímos más aquello de conciliar la vida laboral y familiar.
Sin embargo, la inmensa mayoría de las madres trabajadoras sabemos que eso es una mentira.
Quizás en un futuro sea posible, pero de momento, lo único que ocurre es que cada vez nos cargamos con más tareas.
El trabajo, las labores domésticas, la compra y los hijos ocupan las veinticuatro horas del día de la mujer trabajadora.
Conciliar todo eso consiste en más de lo mismo de toda la vida.
Si se trabaja por cuenta ajena, algunas de esas trabajadoras terminan en la calle porque las labores que llevan sobre sus espaldas dan muchos problemas.
Si se trabaja por cuenta propia, tienes incluso que llevarte al hijo a cuestas allá donde tengas que realizar tu trabajo.
¿Cuántas mujeres de nuestros municipios no están trabajando con sus hijos pegados a ellas?
Sólo hay que darse una vuelta por algunos pequeños comercios para ver que están regentados por mujeres que tienen pegados a los mostradores los pequeños "parques" con sus hijos dentro.
Otras, optan por llevarles a una guardería o escuela infantil. Pero, las que no, lo tienen más que complicado.
Y son capaces de atender las necesidades de sus hijos al mismo tiempo que la de su trabajo.
Y, en un hueco, se van al supermercado para hacer la compra y que todos puedan comer en casa.
Cuando llegan al "hogar dulce hogar" no se tiran en el sofá con las piernas en alto mientras reciben un buen masaje. Lejos de ese sueño, su trabajo continúa y tienen que bañar a los niños; darles de cenar; acostarles; preparar la cena para su marido y ella; recoger la casa y, así, un largo etcétera.
Su jornada real puede comenzar entre las seis y las ocho de la mañana y terminar alrededor de las doce. Y no hablemos de los fines de semana, convertidos en jornadas maratonianas de labores pendientes de realizar.
Y así, esas mujeres no tienen tiempo ni de echarse crema hidratante en el cuerpo.
Sus maridos, mientras tanto, "mosqueados" porque no se sientan a su lado a ver las carreras de motos o porque mientras ellas ponen las coladas; hacen las camas; tienden la ropa; pasan el polvo; la aspiradora; ponen orden en la caótica casa; preparan los purés de sus bebés para dejarlos congelados; friegan los cacharros; hacen la comida; ponen su agenda en orden; ponen de beber y comer a los perros y un largo etcétera, ellos tienen que hacerse cargo de que los niños no se den un golpe en casa.
En fin, que ser mujer, madre y trabajadora es durísimo.
Y que no se sientan ofendidos los hombres porque, ciertamente, cada vez hay más que comparten todas estas tareas.
Sin embargo, sigue siendo mayoría el número de mujeres que viven, día a día, agotadas porque sus obligaciones no terminan nunca.