Es un linchamiento. Un linchamiento permitido por nuestros políticos. Un linchamiento terrible de un ser inocente, que cuyas vergonzosas leyes españolas permiten hacer con él todo lo que a un violento le venga en gana.
El toro de Tordesillas o Toro de la Vega es una de las más crueles tradiciones que se celebran en nuestro país. Es la máxima expresión del sadismo y crueldad que puede despacharse el humano contra un animal.
Este año ha muerto “Rompesueños”, un toro de 550 kilos al que han soltado en el campo y al que han rodeado con tractores, coches y camiones para que no pudiese escapar.
A su alrededor, los energúmenos de siempre con ansias de matar. Allí, como llevan ya varios siglos haciendo, armados con lanzas de varios metros, han ido lanceando al pobre animal.
Allí, acorralado, le han linchado como han querido. Y allí, a “Rompesueños” se le han salido los ojos de las órbitas al ver tanto salvajismo contra él. Sus alaridos de dolor pedían clemencia divina, porque humana, no podría. Allí, aterrorizado, ha intentado buscar el refugio de un arbusto, pero de nada le ha servido.
Pobre animal, rodeado de terroríficos seres con ansias de sangre; con ansias de tortura; con ansias de soltar la ira y violencia contenidas durante todo un año y que ese día, el segundo martes de septiembre, las autoridades les permiten sacar contra un pobre animal.
¿Qué pensará el astado? ¿Qué pensará de la especie humana? Al menos se preguntará qué ha hecho él para que le maten así.
Tengo muy claro que el peor ser vivo que habita el planeta Tierra es ese tipo de humanos. Ningún animal llega a esa aberración. Porque esos instintos sólo salen de los hombres; unos hombres en cuyas venas sólo hay crueldad, pero que se sienten cómodos al estar arropados por las leyes.
Afortunadamente, cada vez es mayor el número de detractores de este festejo y también es mayor el número de defensores de los animales que plantan cara a la gente del pueblo.
Y, por ello, la Junta de Castilla y León ya empieza a ponerse nerviosa y dice ahora que crearán una comisión para “humanizar” el toro de la vega.
¿Qué es humanizar? ¿No cortarle los testículos cuando aún está vivo? En fin, que sobran palabras ante tanta barbarie.
Y que no vengan hablando de tradiciones, porque podemos hablar de multitud de tradiciones como la del antiguo sacrificio de niños para los dioses. Y por ello, ¿tendríamos que conservar esas tradiciones? La respuesta sería obvia. Sin embargo, cuando se trata de animales, en la Iberia romana del pan y circo, hay “barra libre”.
Es evidente que basta ya de linchamiento nacional. Y basta ya de políticos mediocres que no son capaces de poner las cosas en su sitio, por no perder un voto.
La lógica indica que estos festejos terminarán siendo prohibidos. Pero ojalá y no tuviese que morir ningún toro más en manos de esos abominables seres que, a caballo y con lanzas, linchan a un ser que, a diferencia de ellos, simplemente vive en plena armonía con la Naturaleza.
Quizás, eso contribuya a que, algún día, Tordesillas deje de ser conocida por ser la tierra de “Juana la loca” y el toro linchado o "alanceado", como dicen ellos.