Aquí no hay crispación política. Se respira tranquilidad.
Y aquí no hay pegada de carteles, porque nunca han tenido nada que hacer los partidos foráneos.
Aquí se celebran elecciones primarias y eso significa que, un día, todos los vecinos se reúnen para confeccionar la lista de la Candidatura Independiente que gobernará en Valdepiélagos.
Ese sistema electoral tan democrático es un reflejo de la vida en este pueblo. Aquí se trabaja, y mucho. Y los elegidos para gobernar invierten buena parte de su tiempo para gestionar el pueblo y, por supuesto, sin cobrar ni un euro.
A los trabajadores municipales siempre se les ve trabajando.
Y algo que impresiona son sus calles y no precisamente su amplitud sino porque están limpísimas.
En las dependencias del Ayuntamiento hay una silla elevadora para que las personas con movilidad reducida puedan acceder a la planta superior.
La piscina también tiene una silla hidráulica que permite darse un buen baño a los mayores y a las personas con problemas de movilidad.
Y no hay grandes obras, gracias a Dios, ni, por lo tanto, grandes ingresos. Pero el Ayuntamiento va consiguiendo las subvenciones necesarias como para que el municipio avance y sus vecinos no tengan que desplazarse a otros lugares para poder llevar a cabo cualquier actividad.
Tienen su Escuela Infantil y también han construido un parque para los más pequeños del pueblo. Han restaurado dos fuentes emblemáticas: la de La Tejera y Vieja.
También está en marcha la ecoaldea, que pocas provincias pueden presumir de tener una urbanización así.
Todo el entorno del Arroyo Seco ha sido restaurado y se ve precioso.
A diferencia de otros municipios cercanos, este pequeño pueblo ha firmado un convenio con la Comunidad de Madrid para la recogida de animales abandonados.
Por seguir más con sus gestiones, el Ayuntamiento ya ha enterrado gran parte de los tendidos eléctricos. Y el Canal de Isabel II les está renovando toda la red de saneamiento y va a construir una nueva depuradora.
El Ayuntamiento también ha restaurado la barbacana de la Iglesia. Y la Casa de la Cultura funciona fenomenal, con su biblioteca, sus actividades culturales y artísticas.
Y sus equipos de fútbol están formados y uniformados.
Es decir: una maravilla para un pueblo tan modesto que, además, trabaja como hormigas y sin pretender llamar la atención.
La pena es que esté pensando en crecer, pues de los 427 vecinos que hay se pasará a 2.500, según las previsiones del Avance del Plan General.
Sí, es una pena para los amantes de la tranquilidad y de lo auténtico.
Las cosas ya no serán como son. Será un pueblo más y con menos campo. Y vendrán otros partidos a gobernar.
Ahora, todavía se pueden ver las avutardas, los sisones y gran variedad de aves típicas de la estepa cerealista. ¡Y huele a pan recién hecho!
Y es verdad que ha estado muchísimos años sin crecer y seguro que ese ha sido el secreto de su gran encanto.
De momento, nos conformaremos con que seguirá siendo igual durante un largo tiempo. Así podremos seguir disfrutando de que en Valdepiélagos todo sea distinto.