La nieve nos cogió a todos por sorpresa FEBRERO 2009
Rosa de las Nieves
La gran nevada, del 9 de enero, y sus posteriores heladas convirtieron nuestros pueblos en auténticas pistas de patinaje. Es cierto que nos cogió a todos por sorpresa, incluyendo a los meteorólogos que no habían previsto el sorprendente frente que se nos venía encima. Muchos culpables se han buscado, pero esa búsqueda no resuelve los problemas en el momento justo y necesario. Creo que en circunstancias como las que vivimos, todos tenemos algo que hacer. La administración estatal, las autonómicas y regionales son las encargadas de quitar la nieve en las carreteras, además de ayudar a aquellos municipios que, con menos recursos, no pueden enfrentarse a ese tipo de situaciones. Estas ayudas pueden ser de diversa índole, como es la entrega de sal y de vehículos con los que limpiar las calles de los cascos urbanos y urbanizaciones. En cuanto a las aceras, pienso que cada uno de los vecinos debemos ser los que limpiemos la parte correspondiente a nuestra fachada para, así, evitar placas de hielo y, como consecuencia de las mismas, posibles caídas. Esa nieve retirada debe dejarse a lo largo de la acera y no verterla en la carretera. Sin embargo, no todos lo hacen, a pesar de que en la mayoría de las ciudades y de los municipios existen ordenanzas municipales que así lo establecen. De cualquier forma, cuando un día se prevé complicado, a nivel meteorológico, lo mejor es quedarse en casa. Aquel 9 de enero, vi como, a las siete de la mañana, la nieve iba cuajando a velocidad de vértigo, debido a la gran intensidad de la nevada. Automáticamente, decidí no llevar a mi hija al colegio, pues presentía que iba a haber verdaderos problemas. Y mientras ella, sin tener que levantarse a las ocho, dormía a pierna suelta, ya las 09.30 horas los vecinos de nuestros pueblos se enfrentaban a grandes dificultades para poder desplazarse por las carreteras. En Algete tuvo que intervenir la Policía Local por los problemas que se originaron en sus calles. Los conductores que salieron de este municipio, con destino a Valdetorres de Jarama, Caraquiz o Valdepiélagos, llegaron a tardar incluso dos horas y media en llegar a sus destinos; cuando normalmente sólo se invierten veinte minutos. En Valdepiélagos, la Guardia Civil impedía la entrada o salida del municipio a aquellos vehículos que no llevaban cadenas. El aeropuerto de Barajas quedaba paralizado. Madrid quedaba atascada. Las carreteras nacionales quedaban colapsadas, cortadas y los conductores atrapados durante horas. Toda una odisea a la que parece que en este país no estamos acostumbrados. Los días posteriores no han sido mejores: más nevadas (de menor intensidad), vientos fortísimos e intensas lluvias. Y todo ello, seguramente, como consecuencia del cambio climático. Por eso, debemos empezar a cambiar nuestra forma de pensar sobre la climatología de nuestra zona y de nuestro país. Así, seremos capaces de afrontar estas situaciones, en vez de quedarnos paralizados de pies y manos esperando que sean los demás los que resuelvan los problemas. Y cada uno que haga su trabajo, porque en esos días tan especiales siempre hay mucha tarea que hacer.