Homenaje póstumo a nuestros perros OCTUBRE 2009
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Rosa de las Nieves
Este mes quería escribir sobre muchos temas: los 400 niños españoles sobre los que se está probando la gripe A/H1N1; el pésimo servicio técnico de PANDA que he sufrido; los toros de las fiestas y varias cosas más. Sin embargo, cuando estábamos a punto de ir a imprenta, nuestro perro, Tobi, sufrió un fatal accidente. Fue atropellado en nuestra propia parcela. Fuerte, como ninguno, se puso en pie como si nada hubiera ocurrido. Pero murió. Hoy, con lágrimas en los ojos, quiero dedicar este espacio a mis dos perros. En tan sólo un año, se han ido los dos. Mi queridísimo y amado Husky falleció el 4 de julio del 2008, tras estar un año sufriendo, pero agarrándose a la vida. Casi trece años estuvimos juntos. Le adoraba. Husky era una prolongación de mi ser. Y le sigo adorando. Su actitud gatuna, sus aullidos, su sangre lobuna. ¡Qué especial era! ¡Cuánto le gustaba correr! ¡Y cuánto me quería! Yo lo era todo para él. Y Tobi, con sólo nueve años, lleno de vida y fuerte como un roble, que tuvo sus problemas de salud y los superó, nos dejó el 25 de septiembre del 2009. Tobi, todo nobleza como nunca haya visto en un perro. !Qué bueno era! Todos los animales, perros y gatos, querían estar siempre con él. Un perro tranquilo y pacífico y con la actitud de una gran abuela. Los gatos que íbamos adoptando siempre intuyeron, desde el primer día, que Tobi era un gran padre. Se disputaban dormir con él y, a veces, hasta se enzarzaban por querer ese lugar a su lado. Pero Tobi, que siempre buscaba la paz, cuando dos gatos se peleaban, metía su morro entre ambos y les ladraba para que dejasen de luchar. Y, al final, todos se hacían un hueco para dormir a su lado. Era un amor, lleno de vida, fuerte, bueno, buenísimo. Pero así, de repente, se acabó. Y es así como te das cuenta de que la vida no nos pertenece. Estás aquí y, de repente, ya no estás. Ahora, en casa, hay un gran vacío. Ninguno, ni nosotros ni los demás animales, asumimos aún que ya no esté aquí. Y los gatos siguen en el porche esperándolo. Ahora, mi único deseo es que allá donde estén sean completamente felices y estén corriendo por maravillosas praderas. Juntos, de nuevo, Tobi y Husky.
TOBI Y HUSKY: ¡Os queremos!
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